Escuela Apostólica JESÚS MAESTRO
Para inyectar en nuestro entorno, empezando por nosotros mismos,
ese vigor que todo lo renueva, y es fruto del Espíritu Santo


ES NECESARIO DESCUBRIR Y RECUPERAR
  • la dimensión histórica de nuestra vida
  • el sentido del honor de pertenecer a la Iglesia
  • y la misión que Dios nos tiene encomendada
Y ES URGENTE RESPONDER "GOZOSA Y GENEROSAMENTE" A LA LLAMADA DE DIOS

Sabemos que Dios tiene un proyecto sobre nosotros. El nos conoce, nos ama y cuenta con cada uno de nosotros para ser continuadores de su obra: que el ser humano alcance la talla y dignidad para la que fue creado.

Para conseguirlo, el Señor Jesús te invita a pasar con El A LA OTRA ORILLA

"A la otra orilla" es la opción prioritaria de la Casa de JESÚS MAESTRO.
Es el marco catequético para una iniciación cristiana fundamental, sólida, completa y suficiente.

Empezamos el nuevo ciclo de catequesis el 13-09-2009
Anímate a cruzar, Jesús te espera

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La Casa de Jesús Maestro, también está a vuestra disposición para:
  • Retiros
  • Convivencias
  • Cursillos etc.
Nuestra dirección: Ctra. Torre Pacheco - Roldan (F-21), km. 5,4 -Torre Pacheco (Murcia)-

Si queréis más información, pedírnosla en : levieldeafeo@gmail.com

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jueves 5 de noviembre de 2009

Ánimo! ¡Levántate, continente africano!


Este fue el llamamiento final del Papa en la homilía de clausura de la segunda Asamblea del Sínodo de los Obispos para África. Han sido tres intensas semanas, en las que la Iglesia ha hecho discernimiento sobre qué espera Dios de ella en este momento de su historia, lleno de luces y sombras, pero, sobre todo, de esperanza.

El tema de este Sínodo «no era un reto fácil», confesaba el Papa poco después de clausurarlo, durante un almuerzo, con los obispos africanos. «Tenía dos peligros, diría yo. El tema Reconciliación, justicia y paz implica, ciertamente, una fuerte dimensión política, si bien es cierto que reconciliación, justicia y paz no son posibles sin una profunda purificación del corazón», que «debe surgir del encuentro con Dios... Pero la tentación podía ser de politizar el tema, de hablar menos como pastores y más como políticos». Por otra parte, existía el peligro de «retirarse a un mundo puramente espiritual, a un mundo abstracto y bonito, pero no real. El discurso de un pastor, en cambio, debe ser realista, tocar la realidad, pero en la perspectiva de Dios y de su Palabra».
Durante el Sínodo, ha quedado reafirmada la centralidad del anuncio del Evangelio, sin que ello haya impedido descender a todo tipo de debates, a veces muy concretos, en ámbitos como la agricultura, las instituciones financieras o el papel no siempre beneficioso de las ONG y de las organizaciones internacionales. De igual forma, en su día a día, la Iglesia transmite el mensaje de salvación del que es portadora, «conjugando siempre la evangelización y la promoción humana», como dijo Benedicto XVI en la homilía de la misa de clausura. El Evangelio se traduce «en proyectos y realizaciones coherentes con el principio dinámico fundamental, que es el amor», explicó. Por eso, «mientras ofrece el pan de la Palabra y de la Eucaristía, la Iglesia se empeña en obrar, con todo medio disponible, para que a ningún africano le falte el pan cotidiano».
Pero, para que la Iglesia pueda transmitir ese mensaje de esperanza y reconciliación, debe cultivar la comunión. «El Sínodo ha reafirmado con fuerza -dijo el Papa- que la Iglesia es familia de Dios, en la que no pueden subsistir divisiones de tipo étnico, lingüístico o cultural. Testimonios conmovedores nos han mostrado que, incluso en los momentos más oscuros de la historia humana, el Espíritu Santo opera y transforma los corazones de las víctimas y de los perseguidores para que se reconozcan hermanos. La Iglesia reconciliada es una potente levadura de reconciliación en cada país y en todo el continente africano».
El Sínodo ha aprobado 57 propuestas finales, entregadas al Santo Padre para la redacción de su Exhortación postsinodal. Estas propuestas, como norma general, no son públicas, aunque, en esta ocasión, el Papa ha autorizado su difusión. Además, los participantes han aprobado, por unanimidad, un Mensaje Final al pueblo de Dios, un documento muy completo en el que se recogen las principales conclusiones de estas tres semanas.
África no debe desesperarse
En una primera parte, se reconoce esta dramática realidad: «África es rica en recursos humanos y naturales, pero muchos en nuestro pueblo se debaten en medio de la pobreza y la miseria, de guerras y conflictos, entre crisis y caos. Muy raramente todo esto es causado por desastres naturales. Se debe, más bien y en gran medida, a decisiones y acciones humanas de personas que no tienen ninguna consideración por el bien común, y esto, con frecuencia, debido a la trágica complicidad y conspiración criminal entre responsables locales e intereses extranjeros». En otro punto, se menciona «la deuda que pesa sobre los países pobres, que está matando literalmente a los niños». Y se añade: «Las compañías multinacionales tienen que detener la devastación criminal del ambiente para su codiciosa explotación de los recursos naturales. Es una política miope la de fomentar guerras para obtener unos beneficios rápidos del caos, a costa de vidas humanas y de sangre».
Así y todo, «África no debe desesperarse». Se producen «muchas noticias positivas» en el continente, aunque los medios de comunicación «prefieren, con frecuencia, las malas noticias».
Sobre la aportación de la Iglesia, que «tiene el deber de ser instrumento de paz y reconciliación», los padres sinodales subrayan que «será capaz de realizar esto en la medida en que ella misma esté reconciliada con Dios. Hay que trabajar juntos en la unidad que hace la fuerza. Nos provoca y nos anima el proverbio africano que dice que un ejército de hormigas bien organizadas puede abatir a un elefante. No debemos tener miedo y menos aún dejarnos desanimar por la enormidad de los problemas de nuestro continente».
Al sacerdote, por su buena formación, suelen mirarle las comunidades como líder en diversos asuntos, y se le exhorta a discernir sobre «cuál es la mejor manera de ofrecer» su «servicio pastoral y evangélico, sin partidismos». Y a los fieles laicos, se les anima a dejar que la fe «impregne cada aspecto y rincón de su vida», bien formados en la fe. «África necesita santos en puestos políticos relevantes: políticos santos que limpien de la corrupción el continente, que trabajen por el bien de la gente y que sepan cómo animar a otros hombres y mujeres de buena voluntad fuera de la Iglesia para que se unan contra los males comunes que asolan nuestras naciones... Por desgracia, muchos católicos en puestos de prestigio no han respondido adecuadamente al ejercicio de sus cargos. El Sínodo invita a estas personas a que se arrepientan, o a que dejen el escenario público y que así dejen de perjudicar al pueblo y de crearle mala fama a la Iglesia católica».
Esta presencia de católicos es hoy especialmente necesaria, «ante los ataques de algunas venenosas ideologías procedentes del extranjero, que pretender ser cultura moderna. Seguid acogiendo a los niños como don de Dios», dice el Mensaje al conjunto de los africanos. Y a las mujeres católicas africanas, que son «con frecuencia la espina dorsal de nuestra Iglesia local», tras denunciar las dificultades que les impiden trabajar en la esfera social, se les pide que esas «buenas ideas no sean distorsionadas por los traficantes de ideologías extranjeras y moralmente venenosas que afectan al género y a la sexualidad del hombre».

Fuente: Alfa & Omega

miércoles 4 de noviembre de 2009

A todos los amigos de Catholic.net‏


Querido lector, querida lectora:

Llevamos cinco semanas de nuestra campaña de recaudación.

Ante todo deseamos transmitir nuestro agradecimiento a los lectores que ya han respondido a este llamamiento enviando sus donativos.

De hecho una manera concreta de participar y ayudar en nuestra misión evangelizadora es mediante la ayuda económica.

En nuestra misión no estamos ni podemos estar solos: ¡necesitamos la ayuda de cada uno de ustedes!

Hemos fijado el objetivo de la campaña en 170,000 dólares estadounidenses.

Confiamos mucho en la generosidad de usted, y de cada uno de nuestros suscriptores a los servicios por correo electrónico.

Enviar una ayuda es muy sencillo.

Puede hacerlo por cheque, transferencia, tarjeta de crédito o depósito directo en cuenta bancaria. Basta con hacer clic en:

http://www.catholic.net/donativos

Si elige la forma de donativo con cargo directo en su cuenta bancaria o mediante el uso de tarjeta de crédito, accederá a nuestro servidor de máxima seguridad para enviar sus datos.

Si prefiere enviar un cheque u ordenar una transferencia bancaria, en la citada web encontrará la información necesaria.

Estamos a su disposición para cualquier aclaración en la dirección
infodonativos@donations.catholic.net

Recuerde: ¡CATHOLIC.NET LE NECESITA!

Dios se lo recompensará,

Rosália Tenório
Catholic.net

lunes 2 de noviembre de 2009

Cristo sí resucitó



Día de los Difuntos: la muerte es el paso a la plenitud de la Vida

El 1 de noviembre celebramos la Solemnidad de Todos los Santos, en la que recordamos a tantas personas que han entregado su vida siguiendo las huellas de Jesús en el Evangelio.

A muchos los conocemos, porque la Iglesia los ha canonizado para que sus vidas sean ejemplo para los demás. Pero otros muchos no están en los altares, son los santos anónimos para el mundo, pero no a los ojos de Dios. Y mañana recordamos a nuestros difuntos, una fiesta litúrgica que se remonta al siglo X, cuando fue instituida por san Odilón, monje benedictino. Ante la muerte, los cristianos miramos a Cristo Resucitado porque, como nos recordó Benedicto XVI, siguiendo las huellas de Pablo, “si Cristo no ha resucitado, el cristianismo es absurdo”. En el siguiente reportaje vamos a conocer algunos fundamentos teológicos de ambas fiestas, y testimonios de cristianos ante la muerte de un familiar y la santidad.

¿Es la muerte el final del camino o el principio de la vida? ¿Cómo nos situamos ante ella? Hemos querido que sea el profesor de Escatología de los centros de formación de la diócesis, D. Manuel Pineda, quien nos lo explique. Él afirma que es la pregunta, el gran interrogante, a la que muchos querrían tener una respuesta más clara en orden al futuro. Todos morimos y eso es una realidad permanentemente constatada. ¿Y con la muerte todo termina? ¿Es posible que tanto trabajo e inquietudes, la lucha y la brega de tantos años, las alegrías y sufrimientos que impregnan la vida, todo acabe en un accidente, con un infarto, en una enfermedad prolongada o galopante?

¿Es posible que tantas injusticias, muertes violentas, guerras, sangre inocente, todo termine sin la respuesta adecuada que clama justicia y recompensa a situaciones inhumanas?

Con la muerte no puede terminar todo. La muerte no es caer en el absurdo, como algunos han afirmado, no es una frustración existencial, no es un desenlace terrible. Como creyentes, como personas que razonan y creen en un Dios todopoderoso, justo y bueno, profesamos la gran verdad de fe que confesamos desde pequeños: “Creo en la Vida Eterna”. La muerte es el paso a la plenitud de la vida; es el puente y la puerta para el gozo eterno. Es la llegada al abrazo grande de Dios, nuestro Padre. Dios nos ama. Desde la eternidad nos llamó a ser santos, partícipes de la misma vida y amor, a ser sus hijos, decía san Pablo. Jesús con su muerte dio muerte a la muerte y nos ha conseguido la victoria.

Otro de los grandes interrogantes que nos hacemos es si nuestros seres queridos que ya se han ido con Dios desconectan de toda realidad terrena o siguen de alguna manera entre nosotros. Según D. Manuel, “El cielo es ver a Dios, vivir con Dios, gozar con Dios, y Dios es siempre Camino y es plenitud desbordante. Jesucristo Resucitado es para nosotros el todo. Él es la Cabeza, que goza y vive plenamente en Dios. Nosotros, su Cuerpo, estamos vinculados a Él, como miembros vivos, y participamos de su alegría, felicidad, amor. Todos formamos un solo Cuerpo, una gran familia, y todos, en consecuencia, participamos de los bienes obtenidos en la redención. Hay un intercambio permanente de gracia, alegría, confianza, amor, del que vamos participando todos: los que ya gozan de la felicidad del cielo, los que todavía deben purificarse y los que peregrinamos por la tierra. Por eso, nos sentimos unidos fuertemente a ellos y ellos a nosotros; sentimos su cercanía; aunque permanezcan lejanos, estamos cercanos, en verdadera comunión de fe, esperanza y amor.

En Dios no hay distancia. Ellos interceden por nosotros junto a Dios, y en los momentos fuertes y alegres del día, los sentimos a nuestro lado, no están desconectados de nosotros, nos alientan, estimulan y continúan a nuestro lado. Es la gran verdad de fe que llamamos y confesamos: “Creo en la Comunión de los Santos”.

Fuente: Diócesis Málaga

domingo 1 de noviembre de 2009

Meditacion para la Solemnidad de Todos los Santos


Este año coincide el día del Señor, el domingo, con la Solemnidad de Todos los Santos, fiesta que nos permite invocar a los que nos han precedido en la fe y gozan ya de la visión de Dios, nuestros mejores intercesores. La travesía de la existencia se hace más llevadera cuando se acierta a invocar a los amigos de Dios. Sería interminable la narración de hechos favorables que gustan los que tienen a los santos como compañeros de camino.

Es posible que en los últimos años, por purificación de la religiosidad, se haya acentuado la centralidad de Cristo en la vida del cristiano y la propuesta del Evangelio como forma de vida creyente. En esta hora se vuelve a considerar, sin merma de la supremacía de Jesucristo, a quienes han sido y son testigos del seguimiento evangélico como mejor demostración de que es posible vivir a la manera de Jesús y de María, su madre.

Acércate a los santos y experimentarás una atracción suave, que deja en el interior una sensación de bienestar y de paz, a la vez que se reavivará en ti el estímulo para hacer el bien y la propia vocación a la santidad. Ellos nos hacen la mirada luminosa, desde la que se contempla la realidad con los ojos de Dios.

La santidad, aunque parezca algo inalcanzable, está viva entre nosotros, en personas que de forma silenciosa, discreta y permanente hacen de sus vidas un proyecto de amor a Dios y a cuantos los rodean. Han experimentado el atractivo de la Humanidad de Cristo y se convierten en reflejo de la humanidad transfigurada. Se sienten amados de Dios, y aman, a pesar de la oscuridad, de la duda, de la tentación. En esas circunstancias aquilatan aún más su entrega enamorada.

La santidad transforma el recinto doméstico y el social en espacio fascinante, aunque suponga entregar la vida. La opción generosa y gratuita de comenzar cada día el proyecto del seguimiento evangélico otorga a quien así vive el conocimiento de lo pasajero y la certeza de lo eterno, don de sabiduría.

Los santos han sido y son los mejores amigos, los más solidarios e intuitivos. Se arriesgan, confiados en la promesa del Señor, y convierten su existencia en un proyecto de generosidad, con la sagacidad de trocar las circunstancias históricas en las que les toca vivir en mediación providente. Son testigos y profecía de la vida divina en medio de sus contemporáneos.

Si te introduces en el conocimiento de la historia de los santos, te asombrarás al comprobar su sensibilidad humana, por la que han sido capaces de dar las respuestas más atrevidas ante los problemas sociales, religiosos, hasta políticos del momento, al mismo tiempo que se convierten en espejo de la mirada de Dios, por su relación con Él íntima, orante y contemplativa.

El secreto que se descubre en la vida de los santos es, precisamente, su relación creyente y amorosa constante. Todo lo viven desde la relación teologal y afectiva, de la que son conscientes, la que Dios tiene con ellos, la que ellos desean mantener con Dios y en Él con todos.

Ten la sabiduría de invocar y de conocer a los santos, ellos te apoyarán en tu vocación a la santidad.

Fuente: Ciudad Redonda

jueves 29 de octubre de 2009

¿Sabemos aceptarnos? La niña que quería ojos azules.


Emy era una linda niña de 5 años de edad. Vivía en los Estados Unidos de América, frente al mar. Su familia era muy cristiana.
Ella amaba a su familia y admiraba los ojos azules de su padre, de su madre y de sus hermanos... Todos en la casa de Emy tenían ojos azules... Todos... menos Emy!
El sueño de Emy era tener ojos azules como el mar. ¡Cómo deseaba Emy eso!
Un día, oyó a su profesora decir que Dios responde a todas las oraciones.
Emy pasó todo el día pensando en eso, “¡Seguro que Dios me escuchará!” Y a la hora de dormir, se arrodilló al lado de su cama y oró: "Papá del Cielo, muchas gracias porque creaste el mar ¡que es tan hermoso! Muchas gracias por mi familia y mi vida. ¡Me gusta mucho todas las cosas que hiciste! Pero... Me gustaría pedirte un favor... cuando me despierte mañana, quiero tener ojos azules como los de mi mamá! En el nombre de Jesús, amén”.
Ella tuvo mucha fe esa noche. La fe pura y verdadera de una niña.
Y, al despertar, al día siguiente, corrió al espejo. Miró...y ¿cuál era el color de sus ojos ?... Continuaban siendo color castaño muy oscuros.
Emy se entristeció y lloró. Se preguntaba: “¿Acaso Dios no me oyó? ¿Por qué no atendió lo que le pedí? ¿Acaso no me porto bien y Dios puede concedérmelo? ¿o es que mis hermanos son mejores que yo? ¿sirve de algo rezar? Aquel día, Emy tuvo que aceptar que ese “No” era la respuesta. Y aunque al principio renegó, y no entendía, acabó por aceptarlo, confiando en Dios.

No obstante, Emy siguió rezando y era muy generosa. Por eso, años después, cuando la invitaron a ir como misionera a la India, aceptó encantada.
Ya en la India, su labor consistía en "comprar niños para Dios". Es decir, había familias muy pobres que pasaban mucha hambre, y que al no tener nada, vendían a sus hijos a otras personas que las sacrificaban en el templo. La tarea de Emy era "comprarlos", para luego salvarlos de ese sacrificio. Pero, para poder entrar en los "templos" de la India, sin ser reconocida como extranjera, debía disfrazarse de indiana. Para ello se ponía polvo de café en la piel, cubría sus cabellos, se vestía como las mujeres del lugar y entraba libremente en los locales de venta de niños sin despertar ninguna sospecha. Emy podía caminar tranquila en todo el "mercado infantil", pues aparentaba ser una indiana.
Un día, una amiga misionera la miró disfrazada y dijo: “¡Caray, Emy! Estás perfecta, ¿ya pensaste que no sería posible disfrazarte si tuvieses ojos de azul claro como todos los de tu familia? ¡No cabe duda que servimos a un Dios inteligente que ha pensado en todo! Él te dio ojos muy oscuros, pues sabía que eso sería esencial para tu misión y poder salvar muchos niños.”
Esa amiga no sabía cuánto había llorado Emy en su infancia por no tener ojos azules... Pero Emy pudo, finalmente, entenderlo y le dio alegremente gracias a Dios por no tener ojos azules!

La moraleja es clara: todo está en el plan de Dios. Él conoce cada oración que sale de nuestros labios, y cada lágrima que sale de nuestros ojos; Él sabe el por qué nos suceden las cosas; conoce todas nuestra necesidades y podría resolverlas... pero las responde de manera sabia, a su momento. No podemos perder la paz si no nos gusta el color de nuestros ojos o cualquier otra cualidad. Nunca podemos perder esta seguridad, solo hay que confiar plenamente en Él.

Autor: Padre José Martínez Colín | Fuente: Churchforum

miércoles 28 de octubre de 2009

Testimonio de un misionero sobre la crisis en Guinea tras la represión de septiembre


lunes, 26 octubre 2009

“A tres semanas de la represión del 28 de septiembre, la gente de Conakry vive con sufrimiento y en el duelo, pero al mismo tiempo está buscando superar con coraje el trauma, también con nuestra ayuda”, dijo a la agencia MISNA el padre Armel Duteil, misionero espiritano y presidente de la comisión episcopal Justicia y Paz, entrevistado desde la capital guineana, donde trabaja desde hace 13 años. Después de que una protesta promovida por los grupos de oposición fuera violentamente reprimida, "las numerosas comunidades misioneras de Conakry y el arzobispado ofrecieron asistencia psicológica, médica y económica a las personas heridas, a las familias que perdieron un ser querido”, agregó el Duteil, señalando que el trabajo más importante y a largo plazo es el de volver a crear un clima positivo entre los distintos grupos religiosos y étnicos que viven en la capital.

Por iniciativa de la comisión nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal guineana, 200 jóvenes (100 cristianos y 100 musulmanes) visitaron el vienes 98 barrios de Conakry para realizar, en las iglesias y las mezquitas, un llamamiento a favor del diálogo interreligioso, entendido como el único instrumento para superar heridas y diferencias.

“Desde luego la información, a menudo fraccionada, difundida por distintos medios occidentales no nos está ayudando en este difícil recorrido de rehabilitación. Por el contrario, nos encierran todavía más en nuestro sufrimiento”, dijo el padre Armel, de 70 años de edad, criticando también el análisis propuesto por los grandes medios sobre la represión del 28 de septiembre. “Atribuyendo la responsabilidad de la represión sólo a la dirigencia, y en particular al capitán Moussa Dadis Camara, los medios en realidad están sirviendo a los intereses económicos de algunas potencias occidentales y de multinacionales, que no pretenden renunciar a contratos millonarios firmados por el ex presidente Lansana Conté (en el sector de la bauxita, el hierro y el oro), y que el nuevo poder pretende rescindir, visto que no son favorables para el país”.

Según el misionero, “detrás de opiniones políticas en nombre de los derechos humanos, como en este caso, se esconden intereses económicos”.

El sacerdote señaló que entre los jefes de la oposición hay ex ministros de Conté corruptos e implicados en la firma de contratos con irregularidades. “El episodio del 28 de septiembre se inserta nuevamente en la historia del país, hecha con golpes de estado y con violentas represiones de parte de las fuerzas del orden (en el 2006 y el 2007), que no dudan en disparar a la multitud. Tres son los problemas que nunca han sido resueltos: la impunidad, la corrupción y la falta de control sobre el ejército”.

La toma del poder por parte de una junta militar y las primeras declaraciones de Camara fueron tomadas con prudencia por la comisión Justicia y Paz, que veía en la dinámica de los hechos del 28 de diciembre el golpe de Estado de 1984 y las promesas del ex presidente nunca cumplidas. “Para una verdadera reconciliación pedimos que se arroje luz sobre la violencia del 28 de septiembre, así como sobre los hechos de 2006 y de 2007. Si no nunca habrá paz ni justicia ni resarcimientos a favor de las víctimas, para llegar a una verdadera unidad nacional. Cada uno debe asumir su propia responsabilidad. Los guineanos piden una transición sólida, y en perspectiva, la llegada de una verdadera democracia, pero los intereses internacionales deben quedar fuera del juego”, concluyó el misionero.

Fuente: Mundo Negro Digital

martes 27 de octubre de 2009

Dar cuando más cuesta


No des lo que te sobra, da con alegría y hasta que te duela.
Madre Teresa de Calcuta.

Cuando yo era adolescente, en cierta oportunidad estaba con mi padre haciendo fila para comprar entradas para el circo. Al final sólo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Esta familia me impresionó mucho.

Eran ocho hijos, todos probablemente menores de 12 años. Se veía que no tenían mucho dinero, la ropa que llevaban no era cara, pero estaban peinados y limpios. Los chicos estaban muy bien educados, todos se encontraban muy bien portados en fila, formados de a dos en dos detrás de sus padres, tomados de la mano.

Hablaban con excitación de los payasos, de los elefantes y otros números que verían esa noche. Se notaba que nunca antes habían ido al circo. Prometía ser un hecho sobresaliente en sus vidas. El padre y la madre estaban de pie, orgullosos delante del grupo. La madre, de la
mano de su marido, lo miraba como diciendo: Eres mi caballero de brillante armadura; él sonreía, henchido de orgullo y mirándola con mucho amor...

La empleada de la ventanilla preguntó al padre cuántas entradas quería , él respondió con orgullo: Por favor, déme 8 de niños y 2 de adultos. La empleada le indicó el precio total de las entradas; la mujer soltó la mano de su marido y ladeó la cabeza; el labio del hombre se torció, se acercó de nuevo a la ventanilla y preguntó: ¿Cuánto dijo?

La empleada volvió a decirle el precio. ¿Cómo iba a darse la media vuelta y decirle a sus hijos que no tenía suficiente dinero para entrar al circo?

Viendo lo que pasaba, mi papá sacó un billete de 20 dólares y lo tiró al suelo (nosotros no éramos para nada ricos). Mi padre se agachó, palmeó al hombre en el hombro y le dijo: Señor, se le cayó esto de su bolsillo.

El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda. Miró a mi padre directamente a los ojos, con sus dos manos y con labios trémulos y una lágrima rodándole por la mejilla, replicó: Gracias, gracias señor, esto significa mucho realmente para mi familia y para mí.

Papá y yo volvimos al auto y regresamos a casa. Esa noche no fuimos al circo pero no nos fuimos sin nada...

Fuente: Churchforum

domingo 25 de octubre de 2009

Medicamentos solo para ricos


La Unión Europea dificulta el acceso a medicamentos básicos a 2.000 millones de personas en países en vías de desarrollo. Además, pone trabas comunitarias a la exportación de fármacos genéricos, según un informe presentado por las ONG Oxfam Internacional y Health Action International (HAI).

La política comercial de la UE de encarecer el acceso a los medicamentos tiene un efecto devastador en la economía de los países empobrecidos, que gastan entre el 20% y el 60% de sus presupuestos sanitarios en la compra de fármacos" destacan las ONG.

Así, la comunidad europea "contradice sus compromisos" para alcanzar los Objetivos del Milenio y vulnera los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), afirmó, Elise Ford, la asesora jurídica de la oficina europea de la ONG Oxfam.

Los ’27’ están aumentando la presión legal sobre los países pobres al aplicar "normas de propiedad intelectual cada vez más estrictas a las exportaciones de medicamentos genéricos a dichos estados", explicó Ford. "La UE está imponiendo sus estándares de propiedad intelectual al resto del mundo a través de los acuerdos de asociación comercial con terceros países".

Como caso concreto, el informe destaca la situación que vive Bolivia que abandonó las negociaciones para un acuerdo de unión entre la Unión Europea y la Comunidad Andina de Naciones (CAN), incluyendo aspectos políticos, de cooperación y comerciales, principalmente por sus reticencias sobre las normas de propiedad intelectual que La Unión quería incluir.

La Unión decidió entonces seguir negociando únicamente para alcanzar un tratado de libre comercio , que afecta exclusivamente a cuestiones comerciales, con Colombia, Perú y Ecuador.

Las ONG acusan a los ’27’ de favorecer los intereses comerciales de las compañías farmacéuticas europeas y de causar un "grave daño" a la sanidad pública de los países menos favorecidos.

En reacción a las conclusiones del informe, la Comunidad Europea "negó el impacto negativo" de las políticas comerciales europeas sobre medicamentos y destacó que éstas "promueven la competitividad de la industria europea", según dijo Sophie Bloemen, responsable de la oficina de HAI ante la UE.

Fuente: Ciudad Redonda

domingo 18 de octubre de 2009

La herencia... ¡del bien!


En memoria de mi amiga Mercedes, que ahora disfruta de la presencia permanente de Dios


Después de que nos hayamos ido, ... solo importará y tendrá valor la herencia de la semilla del bien que dejamos en alguien y que estará germinando.

Es frecuente que nos pongamos a pensar, si algo tenemos, en cómo serán repartidos esos bienes cuando dejemos este mundo.

Bien sabemos que nada nos vamos a llevar, aunque haya personas que lo deben de poner en duda por el empeño y la obsesión en acumular fortunas, objetos, joyas, propiedades, etcétera, pero... aunque no sea mayor cosa lo que poseemos siempre hay una inquietud sobre el destino de lo que hoy y ahora es nuestro.

Naturalmente que, como cosa normal, será el cónyuge o los hijos los que recibirán ese beneficio.

Y pensando en estas cosas es que hacemos testamento.

Hay personas que les da miedo hacerlo, pues les parece que es como rozar un poco la mano fría de la muerte, como un mal presagio, como soltar las ataduras de esos bienes y sentir que ya no son tan nuestros, ... en fin, conceptos totalmente equivocados, pues el tomar la decisión de hacer testamento es, bien podría decirse, una obligación para que a nuestra partida no dejemos enredos y disgustos.

Pero he aquí que pensando en esto se me viene a la mente...si habremos pensado también un poco en qué herencia y testamento espiritual les vamos a dejar a nuestros hijos, nietos, esposo o esposa y demás familiares y amigos que nos rodean.

¿Qué recuerdo les quedará?...¿Qué imagen les dejaremos, de manera indeleble de nuestra persona, de nuestro proceder ante la vida, de nuestra actuación ante los acontecimientos que nos tocó vivir en nuestro corto o largo camino junto a ellos?...

Me decía un persona muy querida, agobiada por el vacío y la ausencia que representaba haber perdido al compañero de su vida, en su reciente viudez: - "Me estoy muriendo por dentro pero he de darle a mis hijos y nietos el testimonio de mi fortaleza, el ejemplo de que se acatar la voluntad de Dios, con una sonrisa y con mucho ánimo"....¿No es esto estar haciendo testamento y de estar dejando una herencia más rica que todos los millones del mundo?

El amor a Dios, la honestidad, la rectitud, la conservación de las tradiciones, el ser responsable, transparente en la verdad, la educación, la fidelidad para los seres y las creencias, la fe, el saber perdonar y pedir perdón, la fortaleza en los momentos de prueba, en una palabra: el amor.

Y cuando la vida es difícil y cuando hay carencias, cuando hay penas, cuando hay enfermedad... ¿no es una gran herencia utilizar nuestra vida para poner algo de esa vida al servicio de quién lo necesita?

Qué huella tan diferente podemos dejar, al irnos, si hemos sido generosos, no solo en lo material sino en darnos, un desgastarse poco a poco para que los demás tengan mejor calidad de vida o por el contrario nos llegue la hora...sin habernos estrenado.

Como bien dice J.L. Martín Descalzo: - "Hay personas que se cuidan, se ahorran, se "conservan", van a llegar a la otra vida como un abrigo guardado en el ropero".

Y con esto de la herencia y el testamento pensamos que al correr del tiempo, mucho tiempo después de que nos hayamos ido, ... solo importará y tendrá valor la herencia de la semilla del bien que dejamos en alguien y que estará germinando, quizá sin que él o nosotros lo sepamos, pero que será la verdadera herencia y legado que dará constancia de HABER PASADO POR ESTE MUNDO.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Ma. Esther de Ariño
    | Fuente: Catholic.net

    jueves 15 de octubre de 2009

    Es difícil renunciar a sí mismo y cargar la cruz


    Cuando Cristo nos pide renuncia, en realidad nos está invitando a vivir plenamente la vida.

    No sé si a usted le ocurre lo mismo que a mí. Algunas expresiones del Evangelio me han sido difíciles de entender, cuanto más de vivirlas.

    Una de ellas es la que el Santo Padre ha propuesto a los jóvenes: “En esta ocasión, deseo invitarles a reflexionar sobre las condiciones que Jesús pone a quien decide ser su discípulo: Si alguno quiere venir en pos de mí – Él dice -, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lc 9, 23).

    De las tres condiciones que Cristo pone (renunciar a sí mismo, tomar la cruz y seguirle), la primera me ha creado más dificultades de comprensión.

    Parecería que Jesucristo y el mismo Papa no saben mucho de psicología y sociología humana, pues “el hombre tiene arraigado en el profundo de su ser la tendencia a pensar en sí mismo, a poner la propia persona en el centro de los intereses y a ponerse como medida de todo”. ¿Cómo, entonces, se les ocurre pedir al hombre, y más aún al joven, que renuncie a sí mismo, a su vida, a sus planes?

    En realidad, “Jesús no pide que se renuncie a vivir, sino que se acoja una novedad y una plenitud de vida que sólo Él puede dar”. He aquí el elemento que nos hace entender las palabras evangélicas. En realidad no se nos pide renunciar sino todo lo contrario. Se nos pide y recomienda acoger, y en concreto, acoger toda la grandeza de Dios.

    Quizá un ejemplo nos ayude a entender este juego verbal entre renunciar y acoger. Cuando unos recién casados me piden bendecir su hogar me muestran, una por una, las dependencias de la casa: el comedor, la cocina -- ¡para que no se le queme la comida!, suelen comentar los maridos --, la sala de estar, la habitación del matrimonio -- me da mucho gusto cuando la preside un crucifijo o una imagen de la Virgen -- y la habitación de los niños. Ésta ordinariamente, como todavía no han llegado los bebés, está llena de todos los regalos de boda. No falta el comentario de la esposa que se excusa porque todavía no ha tenido tiempo de revisar todos los presentes recibidos.

    Pero, he aquí que llega la cigüeña y es necesario preparar la habitación para el bebé. ¿Qué se hace? ¿Se renuncia a los regalos? ¡Ni mucho menos! El deseo de acoger al primer hijo, plenitud del amor y de la vida de los nuevos esposos, les mueve a buscar lugares en el hogar dónde colocar los regalos de modo ordenado.

    El modo de actuar de los primerizos papás es algo parecido a lo que Cristo nos pide. Como la alegría del primer bebé ordena las cosas del hogar, así cuando “el seguimiento del Señor se convierte en el valor supremo, entonces todos los otros valores reciben de aquel su justa colocación e importancia”.

    ”Renunciar a sí mismo - dice el Papa - significa renunciar al propio proyecto, con frecuencia limitado y mezquino, para acoger el de Dios”. Pero debemos entenderlo correctamente. Renunciar a sí mismo no es un rechazo de la propia persona y de las buenas cosas que en nosotros hay, sino acoger a Dios en plenitud y con su luz, no con la nuestra, ordenar todos los elementos de nuestra vida.

    Ante nuestros proyectos limitados y mezquinos, como los llama el Santo Padre, se encuentra la plenitud del proyecto de Dios. ¿En qué consiste esta plenitud? En primer lugar, ante el limitado plan humano del tener y poseer bienes, Dios nos ofrece la plenitud de ser un bien para los demás. En realidad, el Señor no quiere que rechacemos los bienes, por el contrario desea que nosotros nos convirtamos en un bien y usemos de lo material en la medida que nos ayude a ser ese bien para los demás. “La vida verdadera se expresa en el don de sí mismo”.

    A la autolimitación del hombre que “valora las cosas de acuerdo al propio interés”, se nos propone la apertura a la plenitud de los intereses de Dios. Se nos invita a obrar con plena libertad aceptando los planes de Dios, que siempre serán mejores que los nuestros. No se nos quita la capacidad de decidir. Por el contrario, se nos ofrece la oportunidad de que nuestra libertad escoja en cada momento lo mejor para nosotros, que es la voluntad de Dios.

    Por último, a la actitud humana de “cerrarse en sí mismo”, permaneciendo aislado y sólo, se nos propone el vivir “en comunión con Dios y con los hermanos”. No se nos pide dejar de ser nosotros mismos. Más bien, se nos invita a valorar lo que somos, hasta el punto de considerarnos dignos para Dios y para los demás.

    En resumen, cuando Jesucristo nos pide renuncia, en realidad nos está invitando a vivir plenamente la vida.

    Autor: P. Juan Carlos Ortega Rodríguez | Fuente: Catholic.net

    lunes 12 de octubre de 2009

    El amor más entrañable ahí está por ti.


    Meditaciónes del Rosario. Quinto Misterio de la Luz. La Institución de la Eucaristía.

    La persona que más te quiere descúbrela ahí. Ahí hallarás la Víctima que constantemente se ofrece por ti, en tu lugar, que paga amorosamente por tus culpas y pecados. El cuchillo que no quiso Dios que Abraham clavara en el cuello de su hijo Isaac, permitió que se clavara en las manos, en los pies y el corazón de su propio Hijo. Por amor a nosotros, La deuda enorme que nosotros ni siquiera sospechamos cuan tremenda es, la pagó Jesús completamente en el Calvario, y la siguen pagando en la Eucaristía.

    Se trata de una Víctima que sufre en nuestro lugar. El soldado en cuyo lugar murió San Maximiliano Kolbe sí nos podría decir qué significa que otra persona muera en nuestro lugar, cuando vio el cadáver de su bienhechor. Parece que nosotros nos impresiona ya de tanto ver el cadáver, es decir, el crucifijo. Ahí encontrarás el Pan de la vida que sacia el hambre del alma y el agua viva que sacia la sed de eternidad y de amor. Si de hambre y de sed se trata, nunca el hombre se ha sentido más hambriento y sediento que hoy. Se mueren millares de jóvenes, de hombres y mujeres de pura hambre, de pura sed: sed de eternidad, de cariño, de sentido de vivir.

    Cuando uno quiere hablar con la verdad, no tiene más remedio que decir: “Vengo cansado de buscar inútilmente por tantos caminos. No he encontrado la verdad de la vida y de las cosas. No he encontrado un amor que llene plenamente mi vida. Sí un amor pequeño, tal vez, que me llena hasta cierto punto. No he encontrado un sentido a la vida lejos de Ti. No he encontrado la felicidad. Soy un buscador cansado ya de vivir y de buscar y no encontrar... Tú has dicho que eres el Camino, la Vida y la Verdad... Por eso vengo a comer ese pan maravilloso de la Eucaristía.

    Ahí hallarás al compañero de camino que no quiere que vayas solo por la vida. Quien descubre al compañero de camino es la fe. Cleofás y su compañero estuvieron caminando con Él por espacio de dos horas, hablaron con Él y escucharon sus palabras pero no lo descubrieron por su cerrazón de corazón y su falta de fe. Solo más tarde, cuando abrieron su mente y corazón e invitaron a Jesús a estar con ellos, lo reconocieron. “¿No ardía nuestro corazón...?” Así nos sucede a nosotros; Jesús camina a nuestro lado, nos interpela, pero no nos apercibimos de que es Él, por nuestra falta de fe y apertura.

    Traemos los ojos ciegos de tristeza, de orgullo e impertinencia, y así, no se puede reconocer a Jesús. No quieras convertir tu vida en un purgatorio, privándote de la compañía del mejor amigo. Él te ama y quiere que lo ames. No preguntes por qué. “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?...”Lo que interesa no es tanto saber por qué, sino saber que es un amor verdadero, personal, infinito. Si algún día quiere Dios revelar el misterio, Él sabrá; pero si no lo quiere decir, al menos a mí no me importa; me basta estar seguro de ello: Dios existe y me ama.

    Amor con amor se paga: Así como es cierto que Dios te ama, también lo es que te pide una respuesta de amor, y nuevamente, no preguntes por qué. Ya san Agustín se hacía esta pregunta: “¿Quién soy yo, Señor, para que me pidas y me exijas que te ame con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas; y que te disgustas muchísimo si no lo hago...?” Ama todo lo que puedas y como mejor sepas, y habrás cumplido.

    Las visitas a Jesucristo y a María, realizadas con fe y fervor, infunden no pocos ánimos. En tu ciudad viven, a unos pasos de tu calle; no cuesta trabajo visitarles un minuto, darles los buenos días, pedirles una misericordia para la jornada. Esas pequeñas visitas, esos pequeños momentos, robados a tu abultada agenda, inyectarán vigor a tu alma triste.

    Ve a visitarles con más frecuencia, con más amor y menos prisa, que son los amigos de tu alma, los que ponen suavidad y eficacia en tus actividades febriles. Si el arte de vivir es amar y ser amado, ahí tienes dos amigos que siempre te han querido y a los que no has sabido amar, tal vez. Una breve visita, un corto detenerse, un pequeño gesto de cariño, un mirar y ser mirado, un alargar la mano y dar la diaria limosnita de amor.

    María no necesitaba la transfiguración. Porque veía a su Hijo como Dios, cada vez menos como hijo suyo, y cada vez más como Dios, hasta el punto de que junto a un inmenso cariño sentía un gran respeto hacia Jesús. Y en cuanto a la Eucaristía, nadie ha experimentado lo que María, que tuvo al Hijo en su seno como todas las mamás, y luego lo volvía a recibir en su cuerpo a través de la comunión. Entonces era un niño pequeño con un futuro por hacerse, Ahora recibía al Hijo que había recorrido los caminos del mundo; al Hijo a quien vio muerto en la cruz y muerto en sus brazos. Volvía a recibir a aquel niño tierno, a aquel adulto, a aquel muerto en la cruz, a aquel Hijo resucitado. Por eso, las comuniones de María tenían una experiencia muy particular e impresionante: volvía a vivir la alegría extática del nacimiento, aquellos años de alegre esperanza en Nazareth, los años dramáticos de la vida pública, los momentos dolorosísimos de la pasión y muerte –de seguro que ahí se detenía largo tiempo- y las alegrías de la resurrección gloriosa.

    Cada comunión era un rosario de los misterios de la vida de Jesús. María contemplaba una y otra vez los misterios del rosario, pero en vez de rezar avemarías, rezaba el Padrenuestro, el Magníficat y el Gloria. Por eso le gusta que nosotros recemos el rosario, como lo hacía Ella.


    Oración:

    Oh Madre, que has rezado tantas veces tu propio rosario de los misterios de tu Hijo, ayúdanos a contemplar esos misterios con tus ojos y tu corazón de Madre. Alcánzanos la gracia de recibir a Jesús en el sacramento de su amor con el fervor con que Tú lo hacías en los años de tu soledad.

    Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

    Para que reces muy bien el rosario, consulta El Santo Rosario Qué es el rosario, cómo se reza, historia, oraciones, promesas, bendiciones y beneficios.

    Vamos a meditar las palabras del Ave María, para que al repetirlas disfrutemos mas el Rosario. Y también las palabras del Salve Regina

    domingo 27 de septiembre de 2009

    La inexplicable curación de Chema


    Avisamos a los lectores de que la historia de Chema, aunque puede parecer un relato de ficción, es tan real como los expedientes médicos que demuestran que la curación de este niño español de 5 años, enfermo de una dolencia incurable, es inexplicable para la ciencia. Sus padres, sin embargo, dicen saber dónde está el secreto: en la intercesión de Juan Pablo II. Hace sólo unos días, el ex portavoz del Vaticano, don Joaquín Navarro Valls, confirmaba que el difunto Papa podría ser proclamado santo a finales de 2010. Y quizá tenga que ver en ello el caso de esta familia, que ya está en manos del Postulador de la Causa de canonización del Pontífice

    Será porque quien suscribe no puede dejar de pedir que Dios le aumente la fe, pero les garantizamos que aún estamos en estado de shock. Cuando miramos a Chema, el niño de 5 años que camina, ríe y trota por las calles de Madrid cogido de nuestra mano, nos cuesta asumir que es el mismo crío que hace unos meses estaba atravesando un calvario de dolores, luchando por mantenerse en pie y con la única perspectiva de pasar el resto de su vida con casi la mitad del cerebro extirpado. La cicatriz que tiene un poco por encima de la nuca -una llaga de 20 centímetros, causada durante los seis días en coma inducido que pasó en julio, en los que los enfermeros posiblemente no le movieron lo suficiente- nos recuerda, sin embargo, que Dios puede hacer lo que quiere, como quiere y con quien quiere, aunque se escape a nuestras entendederas. ¿Qué le ha ocurrido, entonces, a este niño, para que haya pasado de no poder tenerse en pie a darnos un abrazo enorme, de los que duran hasta Navidad, cogido con fuerza a nuestro cuello? Por partes, que su historia no es de las que se despachan en dos líneas.

    Una terrible y rara enfermedad

    Chema es el segundo hijo de Concepción e Ignacio. Nació con hidrocefalia, en la provincia de Murcia, pero, después de un correcto tratamiento, terminó por ser un niño como cualquier otro. En marzo de 2009, después de que unos espasmos físicos diesen la voz de alarma, le fue diagnosticada una rara y terrible enfermedad: el síndrome de Rassmussen. La enfermedad, de tipo autoinmune, provocaba que su propio cuerpo no reconociese su cerebro y empezase a atacarlo. Como resultado, el hemisferio derecho de su cerebro se inflamó y comenzó a paralizársele el lado izquierdo del cuerpo. «El niño es presa de convulsiones continuas en su lado izquierdo, no cesan ni cuando duerme. Lleva meses teniendo convulsiones; algunas son dolorosas, otras no le permiten hablar, y otras le afectan al ojo, molestándole continuamente», relataba Concepción, en un correo electrónico que envió, el 18 de julio, solicitando oraciones. En todo el tiempo que duró la dolencia, «Chema ha llevado su enfermedad con una paciencia extraordinaria, alegría de corazón y soportando cualquier pinchazo y tratamiento sin derramar una lágrima ni enojarse por su situación. Su padre y yo estamos orgullosos y maravillados con él, y damos gracias a Dios y a la bendita Virgen María, que le están acompañando todo este tiempo. Tenemos encomendado al niño a los continuos cuidados de la Virgen Milagrosa, y le hemos dado una medalla con esta advocación, que lleva en la venda que le cubre la cabeza», proseguía Concepción.
    El neurólogo del hospital murciano en el que estaba ingresado derivó a los padres al Hospital Niño Jesús, de Madrid, donde trabaja uno de los pocos médicos en todo el mundo que está especializado en síndrome de Rassmussen. La enfermedad le atacó con especial virulencia, y los síntomas que en otros niños tardan años en producirse, a Chema se le presentaron en pocos meses. Aunque fue tratado como exigía el protocolo médico, no se produjo la mejoría: «Ha sido tratado con muchos fármacos, le han hecho infinidad de pruebas, lo intentaron casi todo, pero sin resultado», explica ahora la madre, sentada en una terraza madrileña, junto a su marido y su hijo, que juega a levantarse y a sentarse en la silla, como cualquier niño de su edad.

    Hemiparésico de por vida

    Cuando nos recuerdan lo que le sucedía hace sólo unos meses, parece que se refieren a otra persona: movimientos espasmódicos en la mano, en los pies o en las aletas de la nariz; no podía andar correctamente, y en ocasiones casi no podía ni hablar. Día a día, y ante la mirada de sus padres, se iba quedando hemipléjico del lado izquierdo. Por fin, los médicos dieron la única solución que se conoce para el síndrome de Rassmussen: extirpar parte de la mitad dañada del cerebro, en concreto, las zonas que controlan el aparato motor. De este modo, la enfermedad no avanzaría más, «aunque las consecuencias de la operación son una hemiparesia permanente en el lado izquierdo, perder funcionalidad en su mano (es posible que con una dura rehabilitación consiga agarrar, aunque no usar los dedos) y llegar a andar aún con un baile característico de su pie. Los daños mentales sólo serán evaluables después de la operación», relataba su madre, en julio. Sin embargo, «cuando no era por una cosa, era por otra, y le iban posponiendo la operación cada vez más, a pesar de que habían dicho que había que operarle con urgencia. Por fin, nos dieron fecha para la primera semana de septiembre», dice Ignacio.
    Si el lector ha llegado hasta aquí, debe tener en cuenta un factor determinante: los cuidados médicos no eran los únicos que recibía el pequeño.

    Rezar como si estuviese curado

    En efecto, sus padres, abuelos y un inabarcable número de amigos y conocidos le dedicaban sus cariños y sus rezos. Concepción e Ignacio visitaban a diario la capilla del hospital, encomendaban a su pequeño a la Virgen y pasaban largos ratos ante el Santísimo, expuesto en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en Madrid, muy cerca del centro hospitalario: «Estábamos seguros de que Dios podía curar a nuestro hijo. Que sólo Él podía y que, si se lo pedíamos con fe, lo haría. Un día, mientras rezaba, escuché una cita de san Agustín que venía a decir que rezar con fe es rezar pensando que Dios nos quiere conceder lo que le pedimos, que ya nos lo ha concedido o nos lo concederá, porque, de hecho, por el Bautismo ya nos ha concedido el mayor milagro al convertirnos en sus hijos. A partir de ese día, empecé a pedir como si mi hijo ya se hubiese curado y sólo tuviese que manifestarse su curación».

    Eso sí, Concepción no sólo pidió la sanación de Chema. «Durante la oración sentía que Juan Pablo II podía interceder por Chema, y que el milagro que hiciese con él podría suponer la canonización del Papa». Así que comenzó a pedir la intercesión del Pontífice, sin decírselo a nadie. La sorpresa llegó cuando, al comentarlo con su marido, él le confesó que también pedía la intercesión del Papa. Ahora, con su hijo sobre el regazo, Ignacio cuenta que
    «siempre he tenido claro que Juan Pablo II es un santo, que podía interceder para que Chema se curase, y que merece que su santidad sea reconocida. Sabía que Juan Pablo II podía interceder para lograr un milagro». Casi no ha terminado de hablar cuando su hijo, de pie frente a la mesa de la terraza, le reclama para seguir jugando. E inevitablemente, uno recuerda el pasaje del Evangelio en el que la fe de la hemorroísa arranca un milagro a Jesús; o ese otro en el que, por la fe de su madre, Cristo resucitó al hijo de la viuda de Naím: «Muchacho, a ti te digo, levántate».


    Una señal, de la mano de la Virgen

    Los amigos y familiares que se acercaban al hospital comentaban a sus padres las plegarias que elevaban al santo de turno. Un día, mientras rezaba, Concepción se planteó cómo sabría que era Juan Pablo II quien había intercedido por su hijo, y no otro santo, en caso de que Dios les concediese el milagro. «Me vino a la cabeza la imagen de una Virgen. Todos traían juguetes, y a lo sumo alguna estampa, pero una figura de la Virgen no es el típico regalo para un niño hospitalizado. Así que si recibía una figura de María, sería como una señal de que el Señor aceptaba la intercesión del Papa. Y para no hacer trampas, no se lo conté a nadie. Sólo unos meses después lo supieron mi marido, mi hijo y mi madre», cuenta. A finales de agosto, «justo cuando había dejado de pedirla, el Señor quiso enviarme una señal: mi suegro me contó que una mujer, a quien yo no conocía, le había abordado a la salida de misa para entregarle una imagen de Nuestra Señora del Olvido, el Triunfo y la Misericordia, que se venera en Guadalajara y que Juan Pablo II había conocido años atrás, en el santuario mariano de Czestochowa, en Polonia». Se cerraba el círculo.

    Y se curó

    En agosto, como los médicos se iban de vacaciones y no podían hacer el seguimiento, se fijó una nueva fecha para la operación, ya después del verano. Pero no hizo falta: un día, Chema empezó a mover el brazo. Después, las piernas. Y más adelante, se irguió con normalidad. Los médicos del Niño Jesús se lo confirmaron en septiembre a la familia: no se habían equivocado de diagnóstico, no tenían explicación médica, no sabían qué había pasado. «Nos dijeron que la Medicina no lo explica todo, que la enfermedad, simplemente, había desaparecido, y le dieron el alta al niño», dice la madre. Ahora, el niño reza desde su casa a la Virgen, juega con sus hermanas y ha empezado la vuelta al cole. Su caso está en manos de la Causa de canonización de Juan Pablo II. «Dirán que es o no un milagro -comenta su madre, con una sonrisa de oreja a oreja-. Lo que importa es que mi hijo estaba hemipléjico por una enfermedad incurable y se ha curado. Sé que Dios nos ha concedido un milagro y creo que ha sido por mediación de Juan Pablo II. Y quien no lo crea, que mire a Chema». Chema, con cara de pillo, nos mira, nos lanza un beso y nos dice adiós con la mano izquierda, mientras se va, corriendo, por las calles de Madrid. «El muchacho se levantó y se puso hablar; y Jesús se lo entregó a su madre», sigue el pasaje de la viuda de Naím...
    José Antonio Méndez

    El caso se encuentra ya en manos del Postulador de la Causa de canonización de Juan Pablo II.

    Fuente: Alfa & Omega

    ¿Es cuestión de fanatismo?

    Marcos 9, 38-43. 45. 47-48. Tiempo Ordinario. No tengamos miedo tomarnos nuestra fe en serio y ser cristianos como San Pablo o al estilo de los santos y de los mártires.

    Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.» Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.» «Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.» «Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.

    Reflexión

    Recuerdo lo que me sucedió hace ya más de veinte años, cuando vine a Roma por primera vez. Yo era un joven seminarista. Fui a la Plaza de San Pedro, al Vaticano, con un grupo de compañeros sacerdotes. Me tocó estar al lado de un señor napolitano y, al poco rato, comenzamos a platicar. Sin yo preguntarle nada, él me dijo que era muy católico y que creía mucho en Dios. Yo lo felicité y, después de algunos comentarios por el estilo, me atreví a hacerle una pregunta: – “Oiga, amigo –le dije– ¿usted va a misa todos los domingos?”. Y el buen napolitano, entre extrañado y sobresaltado, me respondió: –“Padre, yo soy católico, pero no fanático”. Me quedé de piedra.

    Tristemente, yo creo que esto mismo es lo que piensan hoy en día muchos católicos... Tal vez no lo digan así, tan abiertamente, pero así viven. Sí, se proclaman católicos y muy creyentes, –¡no faltaba más!–, pero van a misa muy de vez en cuando, no frecuentan los sacramentos y dicen que sólo oran y van a la iglesia “cuando les nace”. ¿Qué tipo de católicos tenemos en nuestra Iglesia? Y si esto sucede en América, desgraciadamente en los países de Europa la situación está muchísimo peor en este sentido...

    En el Evangelio de hoy tal vez podemos encontrar una respuesta a este problema. Nuestro Señor no habla directamente del culto público de la religión o de la práctica de la fe. Pero creo que sus palabras nos pueden ofrecer una luz para iluminar esta situación. Nos dice: “Si tu mano te hace caer, córtatela, pues más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga. Y si tu ojo te hace caer, sácatelo, pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos, donde el gusasno no muere ni el fuego no se apaga”. ¿Qué relación tienen estas palabras con la práctica religiosa? Es cierto que nuestro Señor está hablando aquí del escándalo, pero con un lenguaje tan claro y contundente que nos ayuda a entender bien su mensaje. Nos está invitando a adoptar una actitud de autenticidad en nuestros comportamientos y de radicalidad en nuestras opciones de vida; a no ser mediocres ni conformistas; a no contentarnos nunca con el “ahí se va” tan típico de nuestra cultura mexicana.

    Y a propósito de esto, me viene ahora a la memoria una simpática historia que nos puede iluminar. Se cuenta que un hombre recién convertido iba un día caminando a toda prisa, mirando por todas partes, como buscando algo con ansiedad. Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó: –“Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?”. El anciano, encogiéndose de hombros, le contestó: –“Depende del tipo de cristiano que ande buscando”. –“Perdone –dijo contrariado el joven–, pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos de cristianos que hay. Sólo conozco a Jesús”. Y el anciano añadió: –“Pues sí amigo; hay de muchos tipos y para todos los gustos. Hay cristianos por tradición, cristianos por cumplimiento y cristianos por costumbre; cristianos por superstición, por obligación, por conveniencia; y también hay cristianos auténticos...”
    –“¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad!”–exclamó el hombre emocionado.
    –“¡Vaya! –dijo el anciano con voz grave–. Esos son los más difíciles de ver. Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted”.
    –“¿Cómo podré reconocerle?”. Y el anciano contestó tranquilamente: –“No se preocupe amigo. No tendrá dificultad en reconocerle. Un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo semipodrido. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde va, siempre deja una huella”.

    Y esto, querido amigo lector, no es fanatismo, sino autenticidad y coherencia de vida. Es ser cristiano y católico de verdad, de cuerpo entero, y no mediocre y conformista. No sólo de los que se llaman cristianos, sino de aquellos que se han tomado en serio el Evangelio y lo testimonian con sus obras y con su vida. No tengamos miedo tomarnos nuestra fe en serio y ser cristianos como San Pablo o al estilo de los santos y de los mártires. ¿También tú dejas una huella allí por donde pasas? ¿o ni siquiera se dan cuenta los demás de que eres un cristiano auténtico? Pues ¡se debería notar, amigo mío!


  • Preguntas o comentarios al autor | Fuente: Catholic.net
  • P. Sergio Cordova LC

    jueves 24 de septiembre de 2009

    Obispos de acero

    La fe de los pastores católicos en la Europa comunista, testimonio 20 años después.

    Todavía hay quien levanta la mano, puño en alto, y canta La Internacional, sin acordarse de la gran cantidad de muertos que provocó la búsqueda del llamado paraíso socialista en el siglo XX. Especialmente en los países del Este de Europa, el levantamiento del Telón de acero trajo consigo mucho sufrimiento, y se ensañó brutalmente con aquellos que defendían la libertad de conciencia y la fe. Muchos católicos se negaron a negar a Cristo, y una gran cantidad de fieles lo pagaron con la muerte, incluidos algunos de sus pastores. Veinte años después de la caída del Telón de acero, las historias de los sucesores de los Apóstoles que ofrecieron la resistencia de la verdad y de la fe ante la apisonadora socialista siguen siendo ejemplo y testimonio


    El cardenal rumano Alexandru Todea rompe
    a llorar al recibir el abrazo del Santo Padre.
    Toda una vida de fidelidad a la Iglesia católic.

    De los 100 millones de muertos que ha traído consigo el comunismo desde que triunfó la revolución soviética en 1917, una gran parte de ellos corresponde a ciudadanos de los países del Este de Europa, que se vieron atrapados tras el Telón de acero en 1945. La apisonadora comunista invadió multitud de países y envenenó la sociedad y la política, pero ante su avance fueron muchos los que se negaron a que también su conciencia fuera sepultada bajo la ideología. Entre ellos, muchos cristianos y católicos, fieles laicos y pastores, que pagaron su fidelidad a la fe en Cristo con cárcel, torturas, deportaciones, y hasta con su propia vida. No se libró nadie, ni siquiera obispos ni cardenales, y muchos de ellos sufrieron en carne propia las consecuencias de oponerse a la ideología socialista.
    Recientemente, tuvo lugar, en Zagreb (Croacia), el encuentro La misión de la Iglesia en los países del Centro-Este europeo, a veinte años de la caída del sistema comunista. El cardenal Josip Bozanic , arzobispo de Zagreb, quien presidió el encuentro, afirmó que «el Telón de acero es la imagen de la división, de la fractura, del alejamiento y del egoísmo. Lo puso el hombre que quería impedir el acceso al hombre, pero su objetivo era mucho más profundo: impedir que la mirada del hombre se dirigiera hacia Dios y pudiera conocer su amor». La Iglesia se revelaba en aquel contexto como el último baluarte de la conciencia y de la libertad del hombre, el único ámbito que ofrecía resistencia al nuevo diseño de sociedad que trataban de implantar los comunistas.
    Las acusaciones eran siempre las mismas: traición a los nuevos amos del Estado y antipatriotismo (por colaborar con un régimen extranjero, como pensaban que era el Vaticano), y habitualmente venían acompañadas de mentiras, como la colaboración con los nazis en el pasado. En muchos países, decretaron por ley la desaparición de la Iglesia católica, y no dudaron en coaccionar a obispos y sacerdotes para que se pasasen a la Iglesia ortodoxa, más manejable para ellos.
    El encuentro de Zagreb coincidió con el aniversario de la beatificación del cardenal Alojzije Stepinac, arzobispo de la capital croata, a quien Pío XII definió como «el prelado más grande de la Iglesia católica». Durante 15 meses, las autoridades comunistas intentaron convencerlo para que liderara la separación de la Iglesia católica y la formación de una especie de Iglesia patriótica, más cercana al Partido Comunista. Finalmente, ante sus reiteradas negativas, fue detenido el 18 de septiembre de 1946, y fue condenado a 16 años de trabajos forzados. El caso suscitó multitud de protestas a nivel internacional, y el Gobierno de Tito le ofreció la posibilidad de dejar la prisión a cambio de abandonar el país, pero el cardenal Stepinac se negó. Al final, se decidió que quedara bajo arresto domiciliario, custodiado por una treintena de policías. Así pasó 9 años, hasta que, el 10 de febrero de 1960, murió, entre graves sospechas de haber sido envenenado por los comunistas. Juan Pablo II lo beatificó en 1999.

    Vencido, vence

    Al cardenal Alojzije Stepinac, el cardenal Mindszenty le llamaba mi cardenal hermano, por los sufrimientos compartidos que habían tenido que padecer ambos bajo el dominio comunista. Nacido en Hungría, József Mindszenty llevó una vida de película de terror; de hecho, en 1955 se estrenó The prisoner, protagonizada por Alec Guinness y basada en la vida del purpurado, por aquel entonces recluido en la cárcel por el régimen comunista húngaro.
    El cardenal Mindszenty se enfrentó con los invasores nazis, primero, y con el régimen comunista, después, lo que le llevó a la cárcel, apenas tres años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. El 26 de diciembre de 1948, le detuvieron. Nada más llegar a la cárcel, le quitaron el traje talar, le desnudaron y le dieron un traje a rayas, mientras le decían entre risas: ¡Eh, perro, hemos estado esperando esto desde hace mucho tiempo! Se negó a firmar una declaración que le autoinculpaba, y los guardias le desnudaron y comenzaron a golpearle con porras hasta que perdió el conocimiento. Mientras le pegaban, el cardenal Mindszenty rezaba los salmos: ¡Señor, que me acosan, sal fiador por mí! Así pasó el primer día de cautiverio. Lo que siguió fue un largo período de siete años de acoso, humillaciones y falsos juicios, pero en sus Memorias, el cardenal Mindszenty define la cárcel como una escuela de oración: «En el interior de los hombres recluidos en las celdas alienta en lo más profundo la nostalgia de Dios».
    En 1956, durante la revolución contra el régimen comunista, fue liberado, y Mindszenty se refugió en la embajada de Estados Unidos en Budapest hasta 1971. De allí saldría con lágrimas en los ojos: Pablo VI le pidió prestar un servicio a la Iglesia en Hungría abandonando la embajada y saliendo al exilio, para así atender a una mejor relación de la Iglesia con las autoridades húngaras. Mindszenty no quería abandonar su país ni a sus fieles, en un momento en que la guerra fría hacía sentir con más fuerza la bota soviética. Pero al final obedeció, y el 28 de septiembre de 1971 partió rumbo al exilio. Nada más llegar a Roma, Pablo VI le recibió en el Vaticano, y al verlo se quitó la cruz pectoral y se la colgó sobre los hombros al cardenal húngaro, un homenaje al nuevo sacrificio que había tenido que hacer.
    Durante toda su reclusión, llevó consigo una estampa que representaba a Cristo con la corona de espinas, y la siguiente leyenda: Devictus vincit (Vencido, vence). En sus Memorias, escribe: «Aún hoy esta imagen es mi constante compañera. La primera parte de la leyenda, ser vencido, se ha cumplido en mi vida; la esperanza de la victoria está en el futuro, en manos de Dios».

    A los pies del Papa


    El cardenal Stepinac, conducido a uno de sus juicios

    El intento de separar a los católicos de la obediencia a Roma fue la obsesión de los comunistas. Tras la invasión de Ucrania en 1944, los rusos intentaron que ortodoxos y católicos se unieran al Patriarcado de Moscú, a los que el cardenal Slipyj, metropolita de Lvov (Ucrania), se negó en redondo. Fue arrestado el 12 de abril de 1945; tras el juicio, celebrado esa misma noche, fue condenado a ocho años de trabajos forzosos y deportado al gulag de Maryjinsk, a la altura del círculo polar ártico, y de allí fue enviado a otros campos, en todos los cuales asistió a las necesidades espirituales de sus fieles y celebró numerosos bautizos. Por su actividad pastoral en prisión fue condenado nuevamente, esta vez por tiempo indefinido; y luego otra vez más, por utilizar penicilina para curarse de una afección pulmonar.
    Moscú trató por todos los medios de vencer la fidelidad de Slipyj a Roma, pero no lo consiguió. Al otro lado del Telón de acero, Juan XXIII intentó la vía diplomática para obtener su liberación, hasta el punto de que su caso fue tratado en conversaciones de Kruschev y Kennedy. Finalmente, en 1963, después de 18 años en prisión, el cardenal Silpyj fue liberado y obligado a exiliarse. Al llegar a Roma fue recibido por Juan XXIII. Cuando el Papa bueno trató de abrazarlo, Slipyj se arrodilló ante él y le besó los pies: un signo de la fidelidad al Papa y a la Iglesia católica en la que había vivido durante toda su reclusión.

    Jefe de la brigada de limpieza

    La obsesión de Stalin de prohibir la Iglesia católica en Ucrania fue copiada por varios países de la órbita comunista. En Rumanía, el régimen emitió un decreto en el que extinguía la Iglesia católica y la incorporaba a la Iglesia ortodoxa rumana. Numerosos sacerdotes fueron arrestados por permanecer fieles a Roma, acusados de actividades antidemocráticas, entre ellos el cardenal Iuliu Hossu, que pasó dieciséis años encarcelado. Cuando le ofrecieron abandonar el país y marcharse al exilio, respondió: «Yo me quedo aquí, en mi país, para compartir el destino de mis hermanos, de mis sacerdotes y de mis fieles. No les puedo abandonar». Pasó por diversas cárceles y luego fue confinado en su casa bajo arresto domiciliario. En 1970, en un hospital de Bucarest, se despedía así del cardenal Todea, quien le sucedió al frente de la Iglesia católica en Rumanía: «Mi lucha ha terminado, comienza la suya». El cardenal Alexandru Todea fue ordenado obispo clandestinamente en 1950, y sólo un año después fue arrestado y condenado a prisión. Contaba con humor cómo, en una ocasión, compartió una celda con cinco obispos y otros ocho sacerdotes, y le nombraron jefe de la brigada de limpieza del baño. Pero, en realidad, su paso por la cárcel fe muy duro; le acusaban de ser un siervo del Vaticano y enemigo del comunismo, una amenaza para la felicidad del pueblo. En 1964, una política más aperturista de Bucarest, por motivos de necesidad económica, obligó al régimen a limpiar un poco su imagen de cara al exterior. Todea fue liberado, pero se le prohibió ejercer su ministerio, algo que el cardenal ignoró por completo, y desde la clandestinidad trabajó por levantar la Iglesia católica en Rumanía. Sus esfuerzos se vieron especialmente reconocidos con ocasión de la histórica visita del Papa Juan Pablo II a Rumanía en 1999; el cardenal Todea, ya muy enfermo, estaba sentado en su silla de ruedas y el Papa se acercó a él para abrazarlo al final de la misa. Todea se echó a llorar y todos los fieles reunidos en la catedral estallaron en un largo y emocionante aplauso.

    En la Cruz está la fuerza


    El cardenal Iuliu Hossu, en prisión

    La persecución contra la Iglesia en la antigua Checoslovaquia también fue implacable. Nada más llegar los comunistas, cerraron las escuelas, los periódicos y las editoriales católicas. En la noche del 13 de abril de 1950, fueron clausurados todos los conventos y monasterios, y se declararon extintas todas las Órdenes religiosas: miles de personas fueron puestas, literalmente, en la calle. El cardenal Jan Korec, jesuita, cuenta cómo se vio obligado a desempeñar diversos trabajos: operario en una fábrica, bibliotecario, barrendero..., hasta que en 1961 fue detenido y condenado a 12 años de prisión.
    Un recorrido similar siguió el cardenal Miloslav Vlk, en la actualidad arzobispo de Praga; después de ser ordenado, los comunistas le enviaron a las montañas, hasta que en 1978 le prohibieron ejercer sus funciones sacerdotales. Durante diez años, hasta poco antes de la caída del Muro de Berlín, trabajó en una fábrica de automóviles, y también como limpiacristales y archivero. En todos estos puestos aprovechaba para confesar a quien se lo pidiera y dar una palabra de fe: «La fe me acompañaba con su paz, incluso durante mi trabajo de limpiacristales por las calles de Praga. Durante casi diez años recorrí esas calles, con frío o con calor, sostenido por la fe».
    Tanto Korec como Vlk tuvieron unos ejemplares predecesores en el cardenal Beran, que se vio obligado a exiliarse en Roma en 1965, y el cardenal Tomasek, quien durante todo su ministerio entabló un fuerte pulso con el régimen político. Después de la caída del Muro de Berlín, el cardenal Tomasek afirmaba: «Estoy convencido de que donde está la Cruz de Cristo está la fuerza y la victoria. La Iglesia es suya, y Él sabe encontrar los caminos para guiarla, incluso dejándola sufrir por un tiempo. Pienso también que una verdadera vida cristiana es el mejor testimonio en una sociedad socialista».
    Su testimonio, como los de los cardenales que lo acompañan en estas páginas, así como la de tantos y tantos otros fieles católicos, es un ejemplo todavía hoy.


    Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
    Fuente: Alfa & Omega

    domingo 20 de septiembre de 2009

    El embargo del niño


    HUESCA, sábado, 19 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que ha enviado monseñor Jesús Sanz Montes OFM, obispo de Huesca y de Jaca, con el título "El embargo del niño".

    * * *

    Queridos Hermanos y amigos: Paz y Bien.

    Me ha conmovido la noticia insólita que han divulgado diversos informativos. Un niño, con sus once años casi infantiles aún, se apresura a llevar a una casa de embargos un pequeño montón de cosas suyas, que se dispone a empeñar. Unos libros, unos discos, cuatro escasas cosas. ¿Estaría preparando algún viaje con los compañeros de curso?, ¿necesitaba dinero para cambiar de móvil?, ¿un capricho, tal vez, que se quería subvencionar? Nada de eso.

    El chaval llegaba para sacar del apuro a su padre, que habiendo quedado en el paro, no encontrando trabajo por ningún sitio, tenía a toda la familia en una situación límite, desesperada, sin saber ya qué hacer ni por donde tirar. Y a este crío, no se le ocurrió más solución que la de implicarse a sí mismo, poniendo en juego lo único de lo que él disponía: su breve e infantil ajuar.

    Por más que sea tierna esta historia real, y verdaderamente conmovedora, tiene un transfondo muy duro, que es el que sucede a las personas reales. El transfondo es ese cuando en un hogar, en una familia, no entran desde hace tiempo los recursos necesarios para vivir, para sobrevivir, con serena dignidad y alegre esperanza. No se trata de las personas cuyos nombres anónimos para nosotros leemos en los periódicos, sino que se trata también -y cada vez más- de las personas cercanas que conozco en mi barrio, en la escalera de mi casa, en la propia familia, en tu mismo hogar. Y es entonces cuando la noticia que nos relata el gesto de este pequeño, pierde su inocente ternura para empezar a percibirla como directa acusación que nos hace pensar.

    ¿Acaso lo que en este mundo necesitamos los que en él vivimos se ha evadido a otra galaxia? Parece ser que no, porque el mundo está bien hecho por Dios Creador. Pero Él nos ha dejado la libertad de administrar lo que se nos ha concedido con el don de la vida. Y es aquí donde comienza la descripción de la tragedia de una crisis que siendo económica tiene su origen en la tremenda crisis moral que estamos padeciendo: el egoísmo insolidario, la codicia insaciable, la usura aprovechona, el despilfarro materialista, la injusticia de guante blanco, la injusticia manchada de sangre, los intereses del poder dominante, el hedonismo frívolo y embustero que promete lo que no dará jamás, el relativismo atroz, la mentira como argumento, la utilización del hombre y la expulsión de Dios de nuestro paraíso terrenal.

    Hay una llamada a lo mejor (porque lo tienen) de nuestros políticos y de nuestros distintos agentes sociales, para que dejen de calcular la crisis sólo en clave de poder: sopesar las medidas necesarias a tomar contemplado no el bien de las personas sino únicamente el desgaste o el oportunismo electoral que tales medidas pueden contraer. Hay demasiadas personas sufriendo de veras, angustiadas por un horizonte negruzco, a las que debemos responder con las actitudes contrarias a las que nutren la crisis moral y provocan la crisis económica.

    En nuestras comunidades cristianas, en particular desde cuanto se está haciendo en Cáritas y otras organizaciones eclesiales afines, miramos con asombro agradecido el ejemplo de un pequeño que dando lo que tenía se parece a aquel otro chaval que llevó a Jesús tan sólo dos peces y cinco panes, con los que el Señor dio de comer hasta saciarse a una inmensa multitud. Este es el milagro que hace siempre Dios cuando ponemos en sus manos la aportación sincera de nuestros bienes todos: los de la fe, los de la esperanza y los de la caridad.

    Recibid mi afecto y mi bendición.

    Monseñor Jesús Sanz Montes OFM, obispo de Huesca y de Jaca

    Continúa la violencia contra los cristianos en Pakistan


    Obispos pakistaníes exigen abolir ley sobre blasfemia tras ejecución de joven cristiano.

    ROMA, 18 Sep. 09 / 12:43 am (ACI)

    La agencia Fides recogió el pedido del Presidente de la Conferencia Episcopal de Pakistán, Mons. Lawrence Saldanha, de abolir la polémica ley sobre blasfemia bajo la cual se han justificado numerosos ataques contra los cristianos, incluyendo la reciente ejecución de un joven cristiano encarcelado injustamente.

    "Es una ley injusta y pedimos al gobierno que la revoque. Esta medida es la mayor responsable de los últimos episodios de violencia contra los cristianos pakistaníes. Por eso hemos lanzado, a través de la Comisión de Justicia y Paz, la petición y una recolección de firmas, que presentaremos al Primer Ministro Raza Gilani", informó Mons. Saldanha.

    El Obispo recordó que "después de la masacre de Gojra, (el Primer Ministro) nos había manifestado su parecer favorable a la abolición de la ley con el fin de proteger la armonía religiosa en el país, por lo cual esperamos que tome cartas en el asunto. Sin embargo, también sabemos que la mayoría de los musulmanes conservadores apoyan fuertemente esta ley y se oponen a su revocación".

    A inicios de esta semana, el joven cristiano Robert Fanish, fue acusado por blasfemia, arrestado y asesinado en la cárcel. Aunque la policía carcelaria definió el hecho como suicidio, la comunidad cristiana está convencida de que se trata de un "homicidio premeditado" y acusa a la administración local de querer cubrir a los culpables.

    Para la Comisión Justicia y Paz, en el caso del joven hubo "negligencia de parte de la policía y del gobierno"; por lo que ha exigido "una investigación inmediata para determinar los responsables del homicidio".

    "La semana pasada, sobre la base de falsas acusaciones y circunstancias similares, fueron atacados asentamientos cristianos en Karachi y en la región del Punjab. Reiteramos con fuerza el reclamo de abolir esta medida" afirma un comunicado de la comisión.

    Según informa Fides, en los últimos 25 años unas mil personas han sido acusadas injustamente de blasfemia, incluyendo numerosos cristianos y miembros de otras minorías religiosas. Al menos 30 personas murieron y cientos han sufrido encarcelación, marginación y pérdida de sus propiedades como consecuencia de las falsas acusaciones de blasfemia.

    La "ley sobre la blasfemia" involucra los artículos Código Penal pakistaní que condena a "cuantos con palabras o escritos, gestos o representaciones visibles, con insinuaciones directas o indirectas, insultan el sacro nombre del Profeta". Las penas relativas prevén duras penas de cárcel, cadena perpetua y pena de muerte.

    jueves 17 de septiembre de 2009

    Mujeres Extraordinarias, Historias Extraordinarias


    En su nuevo libro, “Caminando hasta Este Día”, Paula D´Arcy comparte esta historia: Una mujer que ella conoce perdió un hijo en un accidente. Algunos años más tarde alguien le comentaba sobre lo difícil que esto debía ser para ella –no poder observar cómo su hijo crece y se casa, y no poder abrazar nunca a sus nietos. Su respuesta fue: “Yo no pienso así. Mi respuesta es que no sé, realmente. No sé cómo hubiera sido la vida de mi hijo. Hoy me doy cuenta de que su alma tenía su propia aventura y sus propios límites y sus relaciones con la vida. Esto no tenía nada que ver conmigo. Pero logré tomar parte, durante un tiempo al menos, en la aventura de su alma. Por ello, estoy indeciblemente agradecida”.

    Este relato me trajo a la memoria otra historia que una mujer compartió recientemente en un retiro. Su madre había sido una mujer de una fe extraordinaria y de un equilibrio inquebrantable. El mantra que esta madre experimentó primero en sí misma y después se lo inculcó una y otra vez a sus hijos era que somos felices solamente cuando estamos agradecidos por lo que tenemos, porque entonces, y sólo entonces, lo que tenemos será suficiente para nosotros. Su consejo constante era: ¡Ya vale; basta ya!

    Y vivió esto hasta sus últimas palabras en el lecho de su muerte: Hospitalizada por una enfermedad que no respondía a la medicación, desarrolló una infección de la sangre, cuya recuperación inspiraba muy poca esperanza. Su familia se mantuvo en vigilia junto a su lecho durante varias semanas, mientras su condición se iba deteriorando. Finalmente, ella misma tomó la iniciativa: Llamó a sus familiares a su lado, les dijo que habían estado ya demasiado tiempo junto a ella en el hospital y lejos de sus casas; les informó que había llamado en el hospital al personal de la Unidad de Cuidado Paliativo y les había pedido que la trasladasen a esa unidad, y que moriría ese mismo día.

    Efectivamente se le trasladó a la Unidad de Cuidado Paliativo y la enfermera informó a la familia que estaba a dispuesta ya a inyectarle a la paciente una medicación contra el dolor que le pondría en un sueño profundo del que probablemente nunca recobraría ya la conciencia. Mientras esto estaba a punto de ocurrir, su hija, la que compartió esta historia, se sentó al lado del lecho de su madre, le agarró la mano, se abrazó fuertemente a ella como un niño a punto de ahogarse, y dijo: “¡Oh, mami, un ratito más! ¡Sólo un ratito más! ¡Que no se acabe todavía! ¡Sigue con nosotros sólo un ratito más!” Pero su madre, con la poca fuerza que todavía le quedaba, replicó: “¡Vale ya! ¡Basta!” Esas fueron sus últimas palabras a su hija y a su familia.

    Hay historias fuertes de mujeres fuertes, cada una de ellas con suficiente sabiduría y fe para rebajar el falso sentimentalismo que tan fácilmente puede paralizarnos frente al contratiempo o a la muerte. Las dos mujeres sabían que hay un tiempo y una forma de dejar pasar las cosas, que no aminora el amor, sino que lo aumenta. Las dos conocían la profunda verdad de la resurrección: Que la fe nos pide no momificar lo que está muerto, sino confiárselo a la tierra y al Dios que da vida y nueva vida. Las dos conocían que el profundo secreto de la vida no consiste en quedarse paralizado por la muerte, sino aceptar el acontecimiento, caminar hacia delante, caminar con mayor profundidad. Y ambas mujeres sentían un respeto justo por los profundos ritmos de la vida.

    Ahora aplico a mí mismo esta experiencia. Yo mismo me doy cuenta de que el alma de mi amigo y familiar tiene su propia aventura y sus propios términos con la vida. Aquí no se trata de mí… Estoy indeciblemente agradecido por haber formado parte del misterio. Nos respetaríamos el uno al otro infinitamente más si, como esta mujer, pudiéramos realmente aceptar eso. Un falso sentimiento nos tienta constantemente en la otra dirección. Lloramos muchísimo porque referimos las vidas de otras personas hacia nosotros mismos. Yo soy quizás pariente de alguien, esposo o esposa, amigo, hermano, hermana, maestro, mentor o guardián, pero en el fondo el alma de esa otra persona tiene su propia individualidad, su libertad, sus demonios caseros (beneficiosos o perversos), y su destino. Los otros no tienen nada que ver conmigo. La mayoría de las lágrimas que derramamos son por nosotros, no por los demás.

    “¡Basta ya!” Tenemos que hacer nuestra esa frase importante. Para Tomás Merton, esa conciencia y comprensión (“¡Basta ya!”) constituye el secreto elusivo hacia la felicidad. Veamos cómo describe Merton lo que significa encontrar paz en su propia vida. Escribiendo un día en su diario, compartió que ese mismo día encontró paz. ¿Por qué? Porque hoy -escribe- tengo bastante con vivir de una forma humana ordinaria, con mi hambre y mi sueño, mi frío y mi calor, mi levantarme y mi acostarme; echándome mantas encima y quitándomelas, haciendo café y tomándomelo; deshelando la nevera, leyendo, meditando, trabajando, orando. Estoy viviendo como mis ancestros vivieron en esta tierra, hasta que por fin muera. Amén. No necesito hacer una aserción de mi vida, justamente como mía, aunque sin duda es exclusivamente mía; no es la de ningún otro. Debo aprender gradualmente a olvidar el programa y el artificio.

    En ese día de su vida pudo decir: “¡Basta ya!” Y así fue.

    Y es esa aceptación profunda solamente la que puede eliminar el cáncer de nuestras insatisfacciones.

    Fuente: C. Redonda | autor: Ron Rolheiser (Traducido por Carmelo Astiz)

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